Verano e infecciones vaginales: ¿Cómo evitarlas?

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El verano trae consigo muchos beneficios al bienestar ya que se ha demostrado que los días más largos por efecto de mayores horas de luz natural traen consigo la liberación de serotonina y endorfinas, lo que hace que nos activemos y nos sintamos más felices.

Pero por otro lado, si el calor es muy intenso y la humedad incrementa, puede traer consigo ciertos riesgos al bienestar como mayor tendencia a padecer de infecciones vaginales.

Si bien las infecciones vaginales tienen múltiples causas, las más comunes son las que favorecen una alteración en el sistema de defensa, un cambio en el pH vaginal o un mayor sustrato energético para los microorganismos que ocasionan infección. Y todo ello se hace más común en verano.

Lo primero es la humedad del día a día. De por sí las altas temperaturas favorecen mayor humedad en todas las zonas del cuerpo y si es en la zona genital, dicha humedad favorece la proliferación de microorganismos, principalmente de hongos, los que ocasionan prurito intenso en ocasiones.

Una buena medida para disminuir la humedad en la zona genital es utilizar ropa más fresca como pantalones delgados y más holgados, además favorecer el uso de ropa interior 100% algodón que absorbe mejor la humedad y si se necesita utilizar protectores diarios, procurar cambiarlos muy frecuentemente, cada dos horas, para favorecer menor humedad en esa zona y evitar la irritación propia del material con el que está hecho el protector.

Las playas y las piscinas se convierten en zonas de visita más rutinarias en la semana, y permanecer húmeda más tiempo también favorece las infecciones. Acá lo ideal es que cada vez que se salga del agua procurar secar el cuerpo lo que más se pueda de modo que la humedad sea menor.

Se ha visto que la predisposición al sexo es mayor durante el verano y si la frecuencia de las relaciones incrementa, es posible que la alcalinidad del semen favorezca la aparición de infecciones por cambios en el pH vaginal, de tipo vaginosis bacteriana, cuyo síntoma es un flujo con olor cargado. Utilizar preservativo para evitar dicha alcalinidad es una buena alternativa.

Finalmente, cuando de hidratarnos y refrescarnos se trata, a veces consumimos de rutina bebidas muy ricas en azúcares, así como snacks ricos en harinas y helados. Si se abusa de este tipo de bebidas o snacks, es posible que se altere el sistema de defensa por cambios en las hormonas del metabolismo y además, sin querer, le demos más sustrato energético a los microorganismos, con lo cual se favorece su sobre crecimiento y con ello la infección y sus molestias.

Es importante tener en cuenta todos estos cambios y la manera de evitarlos, para así no favorecer la aparición o el empeoramiento de una infección vaginal. Hay que recordar que, la automedicación puede dificultar el tratamiento óptimo y empeorar las molestias. Por ello es importante que un especialista haga una evaluación adecuada y sugiera el mejor tratamiento según cada caso.

En mujeres que las infecciones son muy ocasionales, o aparecen solo en casos favorecedores como el verano, un tratamiento local en forma de supositorios vaginales puede ser suficiente para aliviar los síntomas. Pero si eres de la que sufre de infecciones de modo recurrente en toda época del año y más en verano, es importante buscar las causas a fin de evitar la recurrencia y para ello nada como el enfoque de diagnóstico y tratamiento que promovemos en el IMM.